Prólogo
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No hace falta saber mucho de tecnología digital, ni del mundo de las finanzas multimillonarias, para comprender lo más importante de este libro. No Ethics in Big Tech («La falta de ética en las grandes empresas tecnológicas») es una profunda declaración moral, sumamente relevante para todos los habitantes del planeta Tierra.
Vahid Razavi ha excavado muy por debajo del atractivo superficial, de la inmensa riqueza y del poder de estas empresas, para explorar el terreno subyacente de decisiones cruciales. Nos lleva a través de un sombrío recorrido por la realidad de Silicon Valley y su implicación en el sufrimiento infligido en lugares lejanos. Empresas que ganan billones de dólares gracias a su colusión directa con las guerras de agresión.
La falta de rendición de cuentas y la necesidad de la misma son temas centrales de No Ethics in Big Tech. Este libro explica por qué las ideas de una reforma desde dentro de la industria tecnológica y las esperanzas de una autocorrección son ilusorias. Como antiguo miembro del sector, Razavi se apoya en un conocimiento doloroso: la obsesión por la cuota de mercado y la maximización de los beneficios funciona como lo contrario de cualquier brújula moral. El Estado belicista está completamente integrado con las grandes tecnológicas.
«El complejo militar-industrial del siglo XXI no lo forman solo Lockheed Martin, Raytheon y Boeing», escribe. «Lo forman Amazon, Google, Microsoft, Oracle y Palantir. Las armas son la computación en la nube, la inteligencia artificial, los algoritmos de selección de objetivos, las bases de datos biométricas y la infraestructura de vigilancia. La munición son los datos».
Las bombas y las balas que han hecho posible el genocidio en Gaza, en gran medida por cortesía de los contribuyentes estadounidenses, son solo un factor de la actual alianza entre Estados Unidos e Israel. «Lo que el mundo llama genocidio, el complejo militar-industrial lo llama ciclo de ingresos», escribe Razavi. «Lo que Raytheon llama crecimiento de la cartera de pedidos, yo lo llamo los escombros de los hospitales del norte de Gaza. Lo que Boeing Defense llama expansión de su cuota de mercado, yo lo llamo las ruinas de universidades que no volverán a abrir».
Negar el genocidio no cambia su realidad. Y los hechos demuestran con espantosa claridad que muchas de las corporaciones tecnológicas más grandes y respetadas de Estados Unidos han sido parte integral del genocidio infligido al pueblo palestino. Human Rights Watch y Amnistía Internacional, así como las organizaciones israelíes de derechos humanos B'Tselem y Médicos por los Derechos Humanos-Israel, concluyeron de forma inequívoca que Israel ha cometido genocidio en Gaza.
Irónica, aunque previsiblemente, la industria tecnológica digital, que depende de las matemáticas verificables, se niega sin más a reconocer los hechos básicos de los crímenes contra la humanidad que con tanto afán —y con beneficios que superan toda imaginación— contribuye a cometer y que facilita.
Como señala Razavi: «Esto no es una hipérbole. Es aritmética. Las bombas caen sobre edificios civiles. Son fabricadas por empresas estadounidenses, compradas con el dinero de los contribuyentes estadounidenses, lanzadas por aviones suministrados por Estados Unidos y guiadas por sistemas de selección de objetivos de IA construidos por empresas tecnológicas estadounidenses. Toda la cadena de suministro, desde la granja de servidores hasta el cráter, pasa por corporaciones estadounidenses y por contratos del gobierno estadounidense. Y los ejecutivos que dirigen esas corporaciones reciben una remuneración, ya sea en forma de salario, bonificaciones u opciones sobre acciones, según cuánto controlan dentro de la cadena de suministro».
Por eso el autor no hace más que constatar los hechos cuando escribe: «Sin Amazon Web Services, la infraestructura de inteligencia del ejército israelí no funcionaría a su escala actual. Sin las plataformas de fusión de datos de Palantir, los sistemas de selección de objetivos Gospel y Lavender no contarían con la visión operativa necesaria para generar un centenar de objetivos de bombardeo al día. Sin la infraestructura en la nube de Microsoft, los datos de vigilancia no podrían procesarse a la escala requerida».
La complicidad corporativa que se describe en este libro es una realidad constante que se agrava día tras día. El apetito enormemente destructivo de beneficios cada vez mayores es insaciable. Es una característica del sistema, no una falla.
«La complicidad corporativa en la violencia de Estado no es un accidente del capitalismo», observa Razavi, una afirmación basada no en teorías, sino en su experiencia de primera mano al presenciar de cerca dicha complicidad. «Es una de las características más fiables del capitalismo. Lo único que la ha interrumpido alguna vez es la rendición de cuentas. Rendición de cuentas legal, personal, financiera y penal».
Este libro es un llamamiento a la rendición de cuentas.
Norman Solomon Junio de 2026
Norman Solomon es periodista, crítico de medios, activista progresista y excandidato al Congreso de Estados Unidos. Solomon es colaborador de larga trayectoria del grupo de vigilancia mediática Fairness & Accuracy In Reporting (FAIR). En 1997 fundó el Institute for Public Accuracy, que trabaja para ofrecer fuentes alternativas a los periodistas, y actualmente ejerce como su director ejecutivo. Es cofundador de RootsAction.org.